¿En qué momento movernos deja de ser natural y se convierte en dolor y estrés?

Siempre hay una razón y no necesitas entrar en trance para recordarla. En tu historia está la clave. Existen causas desde la niñez que quizás solo se recuerden por el relato de los padres cuando describían con tristeza la vez del accidente que sufrió el hijo en sus primeros años de vida. También está la persona que rememora como anécdota graciosa su caída casi mortal en bicicleta y no lo asocia con su dolor actual, o la persona que vivía con afán y se ufanaba de lo veloz que era al caminar y en “tacones”, ahora no entiende cómo no resiste caminar ni una cuadra.

Existen dolores fáciles de diagnosticar y superar, sólo necesitas saber qué lo causó para organizar las cadenas musculares a través del movimiento.  Cuando el dolor no se asocia con nada, el rompecabezas se torna un poco más difícil. Algunas veces las imágenes diagnósticas ayudan y sólo la manifestación del dolor es la guía. Esto hace que el proceso sea más lento, pero se logra alcanzar el alivio.

El círculo vicioso del dolor es el siguiente:

¿Qué necesitas hacer para superarlo?

Ser uno con el movimiento

El cuerpo humano tiene como objetivo ahorrar energía para ser más eficiente y complacer las órdenes del cerebro. El movimiento sucede gracias a la coordinada actividad de cadenas musculares donde las fuerzas se transmiten de forma eficiente para ejecutar la acción ordenada por el cerebro. La alteración en el orden de esta cadena desencadena un desequilibrio. Con el pasar de los días el cuerpo compensa la deficiencia con los músculos equivocados. Esto desplaza huesos desordenando las articulaciones, lo que genera inflamación, dolor y desgaste articular.

Suena sencillo, así que buscas en Google qué movimiento hacer para aliviar el dolor y te arroja cientos de páginas, desde la terapia con movimientos muy sencillos hasta aquel que parece ser desarrollado por ilusionistas.  Después de un tiempo sigues con el dolor y con cientos de notificaciones que encontró el algoritmo de Google para ayudarte.

A algunas personas puede que les funcione, pero la gran mayoría sólo tuvieron alivio momentáneo o un aumento de su dolor.  Es una apuesta que quizás no debas hacer ya que te quita esperanza y asocias el ejercicio con más dolor, lo que te invita a estar quieto otra vez. Necesitas saber cuál es el movimiento indicado para ti, para ello necesitas:

Con la anterior información, tu análisis y estudio de tu imbalance te diseño los ejercicios que tu cuerpo requiere para superar el dolor y que vuelvas a ser uno con el movimiento. Así encuentras el equilibrio mente -cuerpo.