Es indiscutible que el lugar donde trabajes debe reunir unos requisitos mínimos de altura, luz y espacio para proveer, por lo menos, un ambiente equilibrado que te permita mantener una buena postura y así evitar que el dolor lumbar se presente por tener fallas en lo que te rodea.  La buena postura depende de ti, de cómo te sientas en la silla, la posición de las piernas y el apoyo de la espalda en la silla.

El dolor lumbar suele ser incapacitante, algunas veces es permanente y sordo y en otras se incrementa con el movimiento. ¿Cómo entender qué es lo que está sucediendo?

Cuando estás sentado, el apoyo del cuerpo se distribuye en los isquiones que son esos huesos que puedes sentir al poner tus manos entre las nalgas y la silla. Allí debes sentir dos protuberancias óseas y la misma presión en ambas manos. Si es así, el resto de la columna se acomoda homogéneamente respetando sus curvas y la distribución del peso. Luego, con el paso de los minutos resultas apoyando otro hueso que es el sacro, eso se da cuando te recuestas hacia atrás. Este apoyo mueve a todas las vértebras estirando los músculos de la espalda, también abre el espacio que hay entre los discos intervertebrales en la zona de la espalda y estrecha los mismos en la zona abdominal. Si tuviste desgarro de algún músculo de la espalda, esta postura suele despertar el dolor, o si el intestino está inflamado o lleno de bolo alimenticio, con esta postura aumentas la presión abdominal que en algunos casos irradia dolor a la zona lumbar. Si además cruzas la pierna, generas la rotación en los huesos que mencioné anteriormente y las vértebras van a tener otro punto de compresión y apertura lateral. Por lo general las personas siempre tienden a cruzar más una pierna que otra y con el tiempo comienzan a presentar una rotoescoliosis que incrementa el dolor. Si la silla está muy reclinada hacia atrás aumentarás los grados de apoyo, apertura y cierre de cada estructura, generando más dolor.

Ahora, si el apoyo es anterior, que se da cuando te inclinas hacia la mesa, los isquiones apenas rozan la silla y el peso del cuerpo lo sostienen los huesos de las piernas, aquí aumentarás las curvaturas normales de la columna.  Con esta postura cierras la parte posterior de la vertebra y abres la parte anterior, haciendo que los músculos de la espalda se contraigan y los del abdomen se extiendan. Esto puede despertar dolor en la zona lumbar.

 Entonces, ¿cómo me debo sentar? Depende del diagnóstico que tengas y si no lo tienes depende del desequilibrio de tu cuerpo.  Se intentan hacer modelos de ejercicios que abarquen todos los grupos musculares, pero muchas veces no funcionan; las pausas activas buscan relajar las estructuras que se supone han estado tensas y cambiar de postura para relajar las zonas que han estado bajo presión, pero están diseñadas para abarcar toda la población sin importar su condición física o historia clínica.  Lo cierto es que el cuerpo humano es complejo, no te sientas en el asiento igual en la mañana que después de almorzar, ni un lunes vs. un viernes, ni cuando trabajas sin presión que con presión de resultados inmediatos, etc. Por eso la propuesta es la de mantener un equilibrio en fuerza muscular y elongación no sólo de los músculos de la espalda sino de todos los músculos del cuerpo. ¿Y por qué  todo el cuerpo si el dolor se concentra en espalda baja?  Porque los grandes músculos que mueven miembros inferiores y superiores se agarran de la zona lumbar, allí se anclan para ejecutar los movimientos que les pides.

Lo que pretendo con este escrito es que entiendas, a grandes rasgos, el funcionamiento de tu cuerpo cuando estás sentado frente a una pantalla la mayor parte de tu día. Alteras una estructura diseñada para transmitir fuerzas de manera perfecta y al levantarte no la acomodas en su lugar de origen sino que la dejas a la deriva, generando imbalances musculares que agotan la estructura y no les queda otra alternativa que producir dolor para llamar tu atención.

¿Qué hay que hacer?

Mantener un equilibrio en fuerza, resistencia y flexibilidad. Para esto necesitas ejercicios diseñados para tu cuerpo y estilo de vida. Además, debes evitar posturas que te hacen sentir cómodo, pero en realidad son mañas del cuerpo para ahorrar energía a expensas de estructuras anatómicas que con el tiempo presentan sobrecarga.