Depende del tipo de fractura y las condiciones de salud.

 Las fracturas pueden ser:

– con desplazamiento,

– sin desplazamiento,

–  fisura.

El hueso constantemente se remodela y usa sus células para repararse.  Para que esto se dé se necesita:

– un buen suministro de sangre para asegurar los procesos de regeneración;

– que exista contacto en el hueso fracturado donde haya estabilidad;

– un buen estado metabólico y

– un adecuado estímulo mecánico.

Factores como el envejecimiento, roban a la mujer casi 50% de su hueso trabecular y en los hombres 25% (Musculoskeletal Tissue Regenaration By William Pieztrzak). Desde los 20 a los 60 años, 25% del hueso en los varones se agota, y en la mujer es del 35%. Al mismo tiempo hay una pérdida del 80 al 90% de fuerza ósea.   Los mayores riesgos de fractura son cadera, vértebras y antebrazo.

En mujeres post menopáusicas la actividad celular ósea disminuye por agotamiento del estrógeno, lo que lleva a presentar osteopenia y luego osteoporosis. Una condición como la osteoporosis, puede retardar el tiempo de regeneración entre 20 y 30%. La osteopenia también puede ser la consecuencia de una mala nutrición, algunos medicamentos o el sedentarismo.

 Si hay una patología de base como la diabetes, el compromiso vascular está presente. Esto hace que se dificulte la regeneración ósea.

 En deportistas de alto rendimiento un mal gesto deportivo conlleva a una deficiente transmisión de fuerzas generando sobrecarga. Esto, para el hueso, son pequeños traumatismos que lo fisuran (Monteleone GP, Stress Fracture in Athlete).  En corredores por ejemplo, las más comunes son en quinto metatarsiano, peroné y cadera.

 Si la fractura se desplaza necesita ser estabilizada para que esa zona pueda tener buen flujo sanguíneo y regenerarse.

 La cantidad de movimiento que ocurre en la zona fracturada puede estimular la reparación celular o inhibirla. Por eso es tan importante seguir las indicaciones del profesional de la salud. Si haces un movimiento excesivo no permites que se generen puentes en los vasos sanguíneos intramedulares y no se forma el callo óseo (fundamental en la fase de reparación). Mientras que movimientos específicos y controlados en su magnitud, ayudan a la regeneración.

 En períodos normales de inmovilización, los huesos pequeños se regeneran en 3 semanas y los grandes en 8 semanas.